La respuesta no es un simple sí o no. Parte de la pérdida auditiva, como la relacionada con el envejecimiento natural del oído, no se puede evitar por completo. Pero existe otra parte, muy relevante, que sí depende de hábitos y decisiones que están al alcance de cualquier persona, y que puede marcar la diferencia entre perder audición antes o más tarde, y entre una pérdida más leve o más severa.
Este artículo repasa qué causas de pérdida auditiva se pueden prevenir, cuáles no, y qué hábitos concretos ayudan a cuidar la salud auditiva a lo largo de la vida.
Aviso importante: este artículo tiene fines informativos y no sustituye una valoración médica individualizada. Ante cualquier duda sobre la salud auditiva, lo recomendable es consultar con un especialista.
Qué causas de pérdida auditiva no se pueden prevenir
Antes de hablar de prevención, conviene ser realistas sobre lo que no depende de hábitos personales:
- El envejecimiento natural del oído (presbiacusia): es un proceso biológico ligado al paso de los años que no se puede detener por completo, aunque sí se puede retrasar o reducir su impacto.
- Los factores genéticos: algunas personas tienen predisposición hereditaria a perder audición antes o de forma más acusada, sin que exista forma de evitarlo.
- Determinadas enfermedades o malformaciones congénitas: algunos tipos de pérdida auditiva están presentes desde el nacimiento y no dependen de hábitos posteriores.
Qué causas de pérdida auditiva sí se pueden prevenir o retrasar
Existe un grupo importante de causas de pérdida auditiva sobre las que sí es posible actuar:
1. Exposición a ruido excesivo
Es, junto con el envejecimiento, una de las causas más frecuentes de pérdida auditiva neurosensorial, y también una de las más evitables. La exposición prolongada o repetida a sonidos por encima de 85 decibelios (tráfico intenso, maquinaria, conciertos, auriculares a volumen alto) puede dañar de forma permanente las células sensoriales del oído interno.
Hábitos recomendados:
- Usar protección auditiva (tapones o cascos de protección) en entornos ruidosos, como conciertos, obras o maquinaria industrial.
- Seguir la llamada «regla 60/60» al usar auriculares: no superar el 60% del volumen máximo durante más de 60 minutos seguidos.
- Alejarse periódicamente de fuentes de ruido intenso para dar descanso al oído.
2. Tabaquismo
Varios estudios asocian el consumo de tabaco con un mayor riesgo de pérdida auditiva, probablemente por su efecto negativo sobre la circulación sanguínea, incluida la del oído interno. Dejar de fumar es, por tanto, una medida que también beneficia a la salud auditiva.
3. Enfermedades cardiovasculares y diabetes mal controladas
El oído interno depende de un riego sanguíneo adecuado para funcionar correctamente. Mantener bien controladas la hipertensión, el colesterol y la diabetes contribuye a reducir el riesgo de daño auditivo asociado a estas enfermedades.
4. Uso de medicamentos ototóxicos sin supervisión
Algunos medicamentos, especialmente ciertos antibióticos y tratamientos oncológicos, pueden dañar el oído interno como efecto secundario si se usan de forma prolongada. Seguir siempre las indicaciones médicas y comunicar cualquier síntoma auditivo durante un tratamiento ayuda a detectar este problema a tiempo.
5. Infecciones de oído no tratadas
Las otitis repetidas o mal tratadas pueden derivar en complicaciones que afecten a la audición a largo plazo. Tratar adecuadamente y a tiempo cualquier infección de oído reduce este riesgo.
Hábitos generales que ayudan a cuidar la salud auditiva
Además de las medidas específicas anteriores, existen hábitos generales de vida saludable que también repercuten positivamente en la salud auditiva:
- Mantener una alimentación equilibrada, rica en antioxidantes y ácidos grasos omega-3.
- Realizar actividad física de forma regular, ya que favorece una buena circulación sanguínea.
- Evitar introducir objetos en el conducto auditivo (bastoncillos, horquillas) que puedan dañar el tímpano o empujar la cera hacia el interior.
- Acudir a revisiones auditivas periódicas, especialmente a partir de los 55-60 años, para detectar cualquier cambio de forma temprana.
¿Por qué la prevención no elimina, pero sí reduce el riesgo?
Es importante entender que «prevenir» en este contexto no significa garantizar que nunca habrá pérdida auditiva, sino reducir el riesgo de que aparezca antes de tiempo o de forma más severa de lo que correspondería solo por la edad. Dos personas con la misma edad pueden tener un estado auditivo muy distinto según los hábitos que hayan mantenido a lo largo de su vida, especialmente en lo relativo a la exposición al ruido.
Preguntas frecuentes
¿Se puede recuperar la audición perdida por exposición al ruido? En general, el daño causado por ruido excesivo en las células sensoriales del oído interno es permanente, por lo que la prevención (protección auditiva) es más eficaz que cualquier tratamiento posterior.
¿Los suplementos o vitaminas ayudan a prevenir la pérdida auditiva? No existe evidencia científica sólida de que ningún suplemento prevenga por sí solo la pérdida auditiva. Una alimentación equilibrada general es beneficiosa, pero no sustituye a las medidas de protección frente al ruido ni al control de enfermedades como la diabetes o la hipertensión.
¿A partir de qué edad tiene sentido empezar a cuidar la audición? Cuanto antes, mejor. La exposición acumulada al ruido a lo largo de los años (incluida la de la juventud) influye en el estado auditivo en la madurez, por lo que los hábitos de protección son útiles a cualquier edad.
En resumen
No toda pérdida de audición se puede evitar, pero una parte significativa —especialmente la relacionada con el ruido, el tabaco y determinadas enfermedades crónicas mal controladas— sí depende de hábitos que están al alcance de cualquier persona. Proteger los oídos del ruido excesivo, cuidar la salud cardiovascular y acudir a revisiones periódicas son las medidas con mayor respaldo para retrasar o reducir el impacto de la pérdida auditiva a lo largo de la vida.